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QUINTANA DE LOS PRADOS: ¿MONTIJA O ESPINOSA?

 

Repasando las memorias inéditas del Abad de Pechón, nos quedamos perplejos ante la lectura del párrafo siguiente:
"La Iglesia de Santa María de Quintana de los Prados es muy moderna, como también es ser este lugar uno de los barrios de Espinosa desde mitad del siglo 18 poco más o menos, en que dicen se cambio por Cuestaedo, porque Quintana era de Montija como los
instrumentos, y escribanía de Don Juan Ezquerra de Rozas, Vecino de Quintana y Escribano en 1630, en la de Diego de Mena Ortiz, Escribano en 1618, vecino de Noceco, y en la de García de Linares, Escribano en 1588,
vecino de Loma, de todos los cuales he visto alguno, lo comprueban."
Las "MEMORIAS DE D. NICOLAS BARQUIN ARANA, ABAD DE PECHON" contienen gran cantidad de información interesante y veraz. Su descripción de la Batalla de Espinosa y de la villa a principios del S. XIX son de gran interés al ser información de primera mano.
En el relato de otros pasajes históricos está menos acertado al basarse en la historiógrafa y la tradición existentes en la época, apreciándose incluso cierto “Vascocantabrismo" en su exposición de las guerras cántabras y en el origen vasco de algunos topónimos de nuestras montañas.
En este caso concreto cita las fuentes, por lo que no deberíamos dudar de tan sorprendente aseveración. Sin embargo, existe abundante documentación de la que se desprende que esto no es cierto, y que Quintana ha sido siempre jurisdicción de Espinosa de los Monteros.
Es cierto que no hemos tenido acceso a las fuentes citadas por el autor, como también es cierto que existirá abundante documentación a este respecto en el Archivo de Espinosa. Desde aquí sólo nos centraremos en documentos accesibles al público en general a través de Internet.
También queremos reivindicar que se digitalice el archivo y se facilite el acceso a la población en general, evitando así desplazamientos costosos para su consulta. A la vez se evitaría el extravío o destrucción del archivo, algo que ha sucedido repetidas veces a lo largo de la historia.
Vamos a mediados del S. XVIII, cuando según el Abad de Pechón se cambió Quintana por Cuestahedo.
En respuesta a las preguntas del Catastro de Ensenada, en el año de 1752, los vecinos de Quintana de los Prados declaran "que esta población se llama Quintana de los Prados y es uno de los pueblos de que se compone la Jurisdicción de Espinosa de los Monteros"
Retrocedamos un siglo a ver si entonces Quintana era parte de Montija. Repasamos lo Padrones de la Merindad de Montija del año 1652.
Contiene información sobre Agüera, Baranda, Bárcena de Pienza, Barcenillas de Ribero, Bercedo, Cuestaedo, Gayangos, Hedesa, Loma de Montija, Montecillo, Noceco, Quintanaedo, Quintanilla de Pienza Bercedo, Quintanilla Sopeña, Revilla de Pienza, San Pelayo, Villalázara, Villasante y Villasorda.
Ni rastro de Quintana de los Prados…
Vamos a la documentación de Espinosa de la misma época. En 1670 se inicia un proceso para tratar de cobrar un impuesto al consumo de vino en la Villa. Este impuesto estaba destinado a financiar la reconstrucción de la Iglesia de Santa Cecilia, que se encontraba en estado ruinoso tras haber sufrido un incendio unos 40 años antes. (En este incendio se perdió parte del Archivo que se encontraba dentro de la Iglesia).
En este proceso se toma declaración a varias autoridades de Espinosa y de zonas aledañas. Todas ellas declaran "que esta dicha Villa se compone de tres conzejos y tres agregados, que son Quintanilla y el dicho lugar de Barzena y Berrueza; Para, Santolalla y Quintana"
Retrocedamos mucho más en el tiempo. Vamos a mediados del S. XIV, al Becerro de las Behetrías. Desde luego que los habitantes de Quintana afirmaban que eran de Espinosa, vaya si lo hacían:
"Este logar es del rey e hay don Nuño un Solar. Non pagan al rey derechos ningunos porque son previegiados como los de Espinosa e mandaronle el privilegio para lo levar con los otros que lievan a mostrar al rey. Et ellos dixieron que non lo darían fasta que los de espinosa los diesen. Et que dando los de espinosa el traslado de su previlegio que darían ellos el suyo e non hay otros derechos"
Por ahora ningún rastro de Quintana como parte de la Merindad de Montija. Sin embargo, hemos encontrado un documento del que podríamos deducir que el Abad de Pechón estaba en lo cierto. Se trata del Apeo de todos los límites de Espinosa realizado en la segunda mitad del S. XIV, hecho a resultas de un contencioso con el Valle de Soba. En el mismo se repasan, entre otros, los mojones que dividen las jurisdicciones de Espinosa y Montija:
"…a ver un mojón que le mostrarían que hera entre Espinosa y Quintanaedo, e luego el dicho alcalde Alfonso Fernandez fue ver el dicho mojón que el dicho Gonzalo Ruiz le mostró el cual dijo el dicho Gonzalo Ruiz que partía término entre Montija y Espinosa el cual dicho Mojón está en un sitio que dicen "Peñamor" e este dicho día porque era tarde no le mostraron más…
…e luego otro día viernes… fue el dicho Gonzalo Ruiz e otros vecinos de la Villa de Espinosa con el dicho alcalde Alfonso Fernandez e mostraronle un Mojón que dicen que parte térmio entre Espinosa y Montija el cual dicho Mojón estaba en "riva valgana", e luego delante de este dicho mojón mostraronle otro que dicen que partía término entre Espinosa y Montija, el cual dicho mojón está entre Quintana de los Prados y Espinosa. Está cerca de Quintana en el camino que va de Quintana a Espinosa el cual dicho mojón dicen "La Piedra", e luego delante de este dicho mojón mostraronle otro que dicen que partía término entre Montija y Espinosa el cual dicho mojón está cerca de la "Torquilla de la Igª de Santotís" Estavan cerca de dicho mojón dos robles y un nocedo, e luego masadelante mostraronle otro mojón que dicen que partía término entre Montija y Espinosa, el cual dicho mojón estava encima del cerro de "Santotis", asomante a Valcavilla”
Peñamor de Valdoria, Ribalgana, camino de Espinosa a Quintana, Santotís…
Todos estos lugares se corresponden con el límite actual entre Espinosa y Quintana de los Prados. Vemos que en este Apeo se dice que dividen con Montija, por lo que Quintana de los Prados sería entonces parte de Montija.
Plano con los límites entre Montija y Espinosa. En blanco el límite actual, en amarillo el límite en 1376.



REFRANERO POPULAR DE SANTA CECILIA

 

Por santa Cecilia, ata la vaca a la cebilla.
Por Santa Cecilia, la nieve en cualquier cima.
Por Santa Cecilia musiquera, es cuando a la pella, se le ve la cabellera.
Por Santa Cecilia tiempo de morcillas.
Por Santa Cecilia, la nieve en la rodilla y la vaca a la cebilla.
Por Santa Cecilia, la noche es día.
Santa Cecilia clara, todo el adviento alborotada.
Si san Simón y san Judas no traen la lluvia, no llega hasta Santa Cecilia.
Mucho ojo, que la vista engaña, y que santa Cecilia nos la conserve.
Foto: Chalé adosado en el Cajigal, Río de la Sía.



LAS HUELLAS DEL CABALLO BLANCO DE SANTIAGO EN LUNADA


Las leyendas sobre huellas en la roca de personajes divinos, históricos o mitológicos están ampliamente arraigadas en todo el territorio peninsular, incluso podríamos decir que en todo el mundo.
Huellas o podomorfos de Adán, de Cristo o el diablo; de personajes históricos como Roldán o el Cid; o de santos como san Jorge, Santiago, san Fausto, san Antonio…
Lo cierto es que la aparición de extrañas formas en las rocas de nuestras montañas han hecho fluir la imaginación de sus habitantes, atribuyendo a personajes legendarios el origen de las mismas.
Una de las más repetidas en el norte peninsular es la que atribuye algunas de estas marcas a las pisadas de caballo De Santiago.
Cuenta la leyenda que Santiago se apareció a lomos de un caballo blanco en la batalla de Clavijo (año 844):
"Indignado el rey Ramiro de que Abderrahman de Córdoba, le hubiera reclamado el Tributo de las cien doncellas a que suponen hallarse sujeto Mauregato, convocó en León a prelados y abades, a los próceres y varones ilustres del reino, y con su consejo declaró la guerra a Abderrahman. Marchó el ejército cristiano contra los moros, no solo de España sinó de Marruecos y de otros países de Africa. La batalla fué desgraciadísima para los nuestros, los cuales se retiraron a llorar su infortunio al vecino cerro de Clavijo. A pesar de la derrota y la tristeza el rey se durmió, y entonces se le apareció, en sueños el Apóstol Santiago, el cual le habló amistosamente y le alentó a que volviera al día siguiente a la pelea, seguro de que quedaria vencedor pues él mismo combatiría a la cabeza del ejército cristiano. Atónito el rey, comunicó esta aparición al amanecer a los grandes y prelados, y al ejército mismo, y todos locos de alegría no ansiaban ya sino el momento de entrar en combate bajo la dirección de tan ilustre Capitán. Recibieron antes los Santos Sacramentos; llegó la hora de la lid, y exclamando Santiago! Santiago! Cierra España (Costumbre que quedó desde entonces al entrar en las batallas) comenzó la pelea; y con el socorro visible del Apóstol que se apareció en los aires caballero en un blanco corcel y vestido el mismo de blanco, con espada en mano, fué tal el estrago que hicieron en los infieles, que quedaron en el campo más de sesenta mil moros sin contar los que acuchillaron persiguiéndolos hasta Calahorra».
(El Tributo de las Cien Doncellas y la Batalla de Clavijo. Cándido Cerdeira Fernández)
Desde entonces son numerosísimos los testimonios que atribuyen a las huellas del Caballo de Santiago algunas marcas en las rocas.
La leyenda que habla de Santiago saltando a lomos de su caballo desde una alta peña y dejando la impresión de la herradura del caballo sobre la roca, se repite por todo el Alto Ebro hasta la Rioja.
Uno de los lugares donde podemos encontrar estas huellas se encuentra en el corazón del Valle de Lunada:
"Existen varios lugares en la provincia de Burgos en los que está arraigada la creencia de que algunas huellas de erosión marcadas en el suelo de roca caliza corresponden a las pisadas de los caballos de Santiago o del Cid. Esta creencia se halla también presente en Cuatro Ríos y se refiere a las huellas del caballo de Santiago. Se encuentran en el sitio que llaman la Lastra de Carredondo, de Lunada, y tienen su precedente más cercano en otras del mismo caballo que se hallan en San Martín de las Ollas, localidad de la vecina Merindad de Valdeporres."
(Pasiegos de Burgos. Los últimos Transhumantes. Elías Rubio Marcos)
Hoy os invitamos a visitar este lugar a buscar la marcas que la herradura que este mítico caballo dejó impresas sobre una lastra de arenisca, localizada a escasos 20m a la izquierda de la Senda Cabañas del Bernacho, unos 250m antes de llegar a la pista que une la carretera con las faldas del Castro Valnera.
Partiendo del Asador Castro Valnera es posible realizar una ruta por todo el fondo del Valle hasta el Refugio Castro Valnera en una ruta de ida y vuelta de 11 km. Además de visitar este lugar en mitad del recorrido, atravesamos los cabañales de Salcedillo, la Reguera, Carredondo, el Cierro, las Cabrerizas, Celadías y Lunada; con la posibilidad de avituallamiento al inicio y al final del trayecto.



9 Y 10 DE NOVIEMBRE DE 1808: EL PARTE DE BATALLA DEL GENERAL BLAKE.

 

No, no nos hemos equivocado. Ya sabemos que la Batalla de Espinosa tuvo lugar los días 10 y 11 de noviembre… y que fue la que concentró el mayor número de tropas de todos los episodios que se vivieron en los meses de octubre y noviembre de aquel año de 1808 entre la Grande Armée francesa y el Ejército Español de la Izquierda, dirigido por el General de origen irlandés Joaquín Blake.
Joaquín Blake y Joyes era por aquel entonces el Capitán General del Ejército de Galicia o de la izquierda, que por aquellas fechas trataba de repeler al ejército francés que había entrado por Guipúzcoa hacia las Vizcayas. Tras una serie de enfrentamientos más o menos desafortunados en Amorebieta, Bilbao, Güeñes y Val Maseda, Blake ordena el repliegue general de sus tropas hacia Espinosa, donde hace un último intento de hacer frente a los franceses en su retirada hacia León a través de Reinosa.
Unos días antes se había unido al Ejército de la Izquierda la División del Norte. Este contingente del ejército español había estado apoyando a Napoleón formando parte del ejército imperial en la Isla de Fionia (Dinamarca).
Napoleón había destinado a esta división a este lugar aislado sabedor de su organización y profesionalidad, tratando de evitar su regreso a España ante sus planes de invadir la Península Ibérica.
Al mando de la misma estaba Pedro Caro y Sureda, Marqués de la Romana. Tras ser notificado de las intenciones de Napoleón, es ayudado por los ingleses para regresar a España, desembarcando con sus tropas en La Coruña el 19 de octubre.
El Marqués de la Romana se queda en Galicia, donde recibe órdenes de sustituir a Blake al mando del Ejército de la Izquierda. Sus hombres viajan a Santander comandados por el Conde de san Román Joaquín Miranda y Gayoso, uniéndose a las tropas de Blake en Valmaseda.
Para el día 9 de noviembre Blake ya había recibido la orden de entregar el mando de sus tropas al Marqués de la Romana retirándose hacia León. Tal vez por esto decidió presentar una última batalla a los franceses en nuestra Villa.
El desarrollo y desenlace de la batalla es de sobra conocido, sin embargo existen algunos detalles sobre la actuación de Blake que tal vez no le dejan en muy buen lugar.
La mayoría de crónicas de la batalla hablan de Blake ordenado la retirada hacia Reinosa a las 12 de la mañana del día 11, sin embargo tenemos razones para creer que para esas horas el general ya había huido hacia Reinosa con algunos heridos abandonando al grueso de sus tropas.
Al menos así lo cuenta el espinosiego Nicolás Barqúin Arana, Abad de Pechón, en su crónica de la noche del 10 al 11 de la Batalla de Espinosa:
"En esta noche cambio el General Blake a Gayetano García Auseolis y otro Moro con pliegos para el Coronel de Usares Marqués de Malaespina que debía de estar en Medina de Pomar, no le hallaron allí por haberse pasado a Villarcayo, y habiendo aquí recibido los pliegos se puso con su Regimiento de Camino para Espinosa, mas ya en esta misma noche se había interpuesto parte del Cuerpo de Lefebre entre Espinosa y Villarcayo, y por no poder parar, retrocedieron y caminaron a atravesar la Castilla vieja por el Valle de Sedano, sin dejar de tener encuentros con parte de los Franceses que sin entrar en Burgos, recorrían los intermedios de Burgos y Espinosa, y seguían a la vez la retirada del ala izquierda del Ejercito Español del centro. El General Blake, viendo no llegaba el Regimiento de Caballería, dio las disposiciones convenientes, y se retiro caminando hacía Reinosa a cosa de las tres de la mañana, y también caminaron los heridos, exceptuando los imposibilitados de hacerlo. Al saberse en el ejercito la marcha del General se le empezó otra vez a motejar con el dictado de traidor, y pasaban a confirmarlo, asegurando tenía resentimientos por estar destinado a mandar este Ejercito el Marqués de la Romana, a quien se esperaba del once al doce, y los Franceses habían creído había dirigido este la acción de la tarde del diez, según a mi me dijeron, y añadieron era de mucho cacumen. Blake no volvió ya mas a mandar este Ejercito, y a pocos meses después le destinaron a Valencia, en donde también fue bastante desgraciado."
El relato de la batalla del Abad de Pechón se basa en sus vivencias personales y en las noticias de la misma que recibe tanto de los oficiales españoles como de los franceses.
Existen algunos episodios de la batalla en cuya descripción no está muy acertado. Pero… debemos hacer caso a nuestro ilustre espinosiego sobre la espantada de Blake?
Pues parece que sí. Investigando las diferentes versiones de la batalla hemos encontrado el parte de Guerra que Blake manda a Madrid y publicado en la Gazeta de Madrid el 18 de noviembre de 1808:
"Con fecha del 11 avisa desde Reinosa el citado general Blake, que el 9 del mismo al medio dia fue atacado su exército con fuerzas superiores; pero que fue tanto el valor de la tropa, generales y oficiales, que no solo sostuvieron los puestos hasta una hora despues de anochecer, sino que estrecharon á los enemigos por todas partes. Estos aumentaron su número considerablemente al dia siguiente con tropas de refresco, y aprovechando su excesiva superioridad, y el natural cansancio que habia producido en las nuestras la gloriosa accion del dia anterior, hicieron algun daño sobre nuestra izquierda, cuyo centro y derecha se replegaron hacia Santander, y se establecieron en Reinosa, en donde se reunen, como antes estaba meditado, y adonde ya se halla el marques de la Romana, que las debe mandar, para volver con mas ardor á los enemigos.
Exalta aquel general el valor y serenidad en muchos y diferentes encuentros que ha tenido de todos los individuos de su exército; y aunque todavía no envia el por menor de ninguno de ellos, manifiesta con el mayor sentimiento, que entre los oficiales á quienes su valor ha coronado de gloria, se cuenta en el número de muertos al esforzado y bizarro m mariscal de campo D. Gregorio Quirós, y entre los heridos al capitan general el Excimo.
Sr. D. Vicente Acevedo, al gefe de escuadra D. Cayetano Valdés, y á los brigadieres conde de S. Roman y D. Francisco Riguelme."
Todo normal salvo un pequeño detalle. Un cambio de fechas adelantando un día los acontecimientos.
¿Simple baile de fechas o intento de justificar su cobarde actuación? Nosotros aportamos los datos, juzguen ustedes.