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GUSMANTARA: UN CABAÑAL PASIEGO EN SOTOSCUEVA.

 

Hoy vamos a viajar fuera de los límites de Espinosa y los Cuatro Ríos Pasiegos. ¿O tal vez no?
Nos encontramos cercanos al límite con Espinosa de la Merindad de Sotoscueva, en un espacio de pequeñas lagunas glaciares y tremedales situados al Sur del Pico la Churra, que aparece en las cartografías del IGN como "Lagunas de Guzmántara"
En el año 1011, los Condes de Castilla realizan una donación al recién erigido monasterio de Oña de un territorio denominado "In Spinosa Illa nostra portione integra". Este territorio comprendía buena parte de lo que hoy son los Cuatro Ríos Pasiegos, siendo cedido a Oña para el mantenimiento de su cabaña ganadera.
Además de esta cesión, los Condes de Castilla otorgan a los pastores de Oña el privilegio de llevar a sus ganados por una zona mucho más amplia sin la necesidad de rendir cuentas a los valles circundantes o pagar tributo alguno. Entre los límites de este privilegio por el Sur, encontramos este lugar mencionado como "Busto ad Mantare":
"Et a la Mata de Nela et ad summo Lavato, et venit per inde ad -Busto ad Mantare-, et in Trioba et in Cernegga"
Tanto por este privilegio, como por el Privilegio de Herbazgo, concedido por Enrique III a los Monteros de Espinosa en 1396, los pastores de Espinosa siempre consideraron este espacio ganadero como suyo propio.
Y digo ganadero porque cuando uno observa la raíz "Busto" en un topónimo, espera encontrarse un espacio acotado para el cuidado de los ganados "Bustiriegos" (vacas, ovejas y cabras). San Isidoro de Sevilla, en su libro de las Etimologías allá por el S. VII, definía Busto como "Locus ubi boves sunt" (donde están los bueyes).
Pero… ¿Y dónde está el Busto aquí? La respuesta la encontramos en un juicio por prendadas de ganado entre Espinosa y Sotoscueva de 1664.
Los pastores pasiegos, como tenían uso y costumbre, llevaban a sus ganados a pastar en este lugar del Valle de Sotoscueva, a lo que los sotoscuevenses respondían prendándoles las cabezas de ganado que habían traspasado sus límites, en los lugares de Poyuelo, Oyuelos, Busmantara y Grajeras. El testimonio de un pastor de Hornillalatorre en este juicio, nos define este espacio en aquella época:
"…el término de Busmantara questa debajo del Mojón de Grajeras, y esta en el un prado cerrado, el cual tiene siete caserías y toca a el dicho Valle y partido de Sotoscueva, y … junto a dicho prado unas cárcavas…"
Un siglo después, en el Catastro de Ensenada (Año 1753), aparece como uno de los Montes Comuneros del Valle de Sotoscueva para aprovechamiento del territorio, pastos de las hierbas y roza de los montes:
"Otro que se llama Guzmantara, común de los lugares de Quisizedo, Cueba, Entrambosríos, Vallejo, Laparte, Villabáscones y Quintanilla Sotoscueba. Tiene de circunferencia legua y media. Confronta Cierzo Cornejo y Quintanilla el Revollar, solano Villavascones, ábrego la Engaña, regañón los Montes de Pas."
Pero Espinosa siguió considerando este lugar como suyo propio. En 1780, se repite juicio entre ambas jurisdicciones por prendadas. Está vez, son los espinosiegos los que usurpan los ganados de Sotoscueva que encuentran en los términos de "El Prado de los Lasos", "Piedra Serrezuela", "Peña Lagua" y "Vusmantara".
Foto de la laguna superior de Gusmantara, en segundo plano, Peñalagua.
Plano de localización y detalle de la pared del prado abandonado.





¿UN CAMPO DE MENHIRES EN TRUEBA?

 

En las inmediaciones del Portillo de las "Estacas" de Trueba, uniendo el alto con el cabañal de "La Espina", existe una alineación de hitos de roca arenisca hincados en la tierra. Tanto su altura, como su morfología y disposición, recuerdan a lo que en otros lugares no muy lejanos se ha venido en denominar como "Campo de Menhires".
Ocho de estos hitos, siguen una doble alineación casi perfecta, ascendiendo el valle por una dorsal en dirección SE-NE, para luego realizar un leve giro, aproximándose más a una orientación E-O. Los Hitos, o "Jitos", se encuentran separados por una distancia, casi constante, de unos 85m, por lo que es de suponer que existiera uno más.
Un noveno hito se encuentra visiblemente desplazado de la alineación, dibujando un ángulo casi perfecto de 90°.
Hasta aquí, todo concuerda con otros monumentos megalíticos de este tipo. Dos alineaciones de menhires separando el valle en dos planos y dibujando sendas orientaciones al nacimiento del sol. Una para el equinocio de primavera y otra para el solsticio de verano, marcando el tiempo en que los pastores neolíticos debían subir a estas alturas con sus ganados.
Sin embargo, tanto la historiografía como el saber popular, nos dicen otra cosa.
Varios oriundos de RíoTrueba, coinciden en denominar este espacio como "Las Divisas", definiéndolo como hitos del antiguo camino, hincados en la tierra para guiar a los antiguos caminantes y trajineros hasta el Portillo en tiempos de niebla o de nieve.
El estudioso de la comarca pasiega, Arnaldo Leal, considera estos hitos como sucesores de las antiguas "Estacas de Trueba". Unas estacas que fueron hincadas en tiempos de Felipe II:
"En el S. XVI, pasar por los puertos resultaba más peligroso que hoy día, y por ello, Felipe II dio una pragmática para que se señalasen los caminos a los viajeros en invierno y evitar muertes (Cortes de Madrid de 1585: -Ordenamos y mandamos; que los del nuestro Consejo provean y den orden como se pongan pilares en los puertos para señalar los caminos, por los peligros que en tiempo de nieves incurren los que caminan por ellos, por no estar señalados-)."
"De ahí las Estacas de Trueba y también como solía decirse antiguamente Las Estacas de Lunada, unas estacas que nos menciona el Privilegio de Villazgo: -En el dicho Somo y Puerto (Trueba) a trechos se reconocieron diferentes maderos hincados en la tierra, blanquecinos, al parecer muy viejos (estamos en 1689) que dijeron ser señales del camino del dicho puerto para que los pasajeros y naturales en el tiempo de nieves y ventisqueros no se pierdan.-"
Este camino antiguo de las "Estacas", sería previo a la carretera de "Villasante a Entrambasmestas", una vieja reivindicación de los pasiegos de la Vega de Pas, que tuvieron que recurrir a la influencia de la Nodrizas Pasiegas que amamantaban a los hijos de Isabel II para su construcción.
La carretera se construyó entre la última parte del S. XIX y los primeros 20 años del S. XX. Las primeras cartografías estatales del IGN, elaboradas en esta época, muestran un sendero denominado "Camino de la Espina” que sigue perfectamente las dos alineaciones de estas "Divisas".
Tras la construcción de la carretera, en tiempos del estraperlo, este camino era utilizado por los contrabandistas que bajaban al mercadillo de los Domingos en la Vega de Pas, evitando el cuartel de la Guardia Civil que se encontraba en el alto de la carretera.
Foto de la primera "Divisa", en la que se pueden ver las dos siguientes y la situada fuera de la alineación.
Plano de situación de los nueve hitos existentes.




CARBONERAS DE LUNADA:

 

En cualquier paseo por los hayedos de los montes Hazana, la Tramasquera, las Blanquías, Utiru… (todos ellos a la derecha de la carretera que sube a Lunada), podemos encontrarnos con algunas de las, al menos, 13 explanadas que eran utilizadas antiguamente para obtener carbón vegetal mediante la construcción de carboneras.
De todos estos montes se cortaban árboles enteros para ser transportados por el Resbaladero de Lunada hasta la Real Fábrica de Cañones de la Cavada, donde se usaban como combustible para la fundición.
Sin embargo, sabemos que parte de este combustible se transportaba también en forma de carbón vegetal. Así lo reflejaba el famoso escritor Gaspar Melchor de Jovellanos en su relato del viaje entre Espinosa y el Resbaladero del 7 de septiembre de 1797:
"Los montes de Espinosa, que corren por la derecha, muy apurados; cercados por el rey; sembrados, sin ninguna producción al parecer; grandes montes de haya apurados: dejadas algunas, pero pocas, distantes y no bien repartidas para la repoblación. Muchas pilas de madera hallamos en un llano antes de subir; no tiradas, ya muy deterioradas, casi todas sin corteza. Pasiegos que se ocupan en conducir carbón en sus cuévanos; les pagan a doce reales la carga o diez y medio, según los sitios en que está, hecho de cuenta del rey en Bustarejo y Azana; mujeres y hombres al porte, y aun niños...”
La decadencia de la Fábrica de Cañones, a principios del S. XIX, no impidió que los montes de Lunada siguieran siendo esquilmados para la obtención de carbón que sería usado en ferrerías de la vecina Cantabria.
En 1857 todavía se explotaban estos montes para la obtención de carbón. Ese mismo año, el Ayuntamiento de Espinosa adjudica a D. Manuel Ruiz Oria una subasta para extraer 60.000 cargas de carbón del monte de Lunada. (60.000 cargas serían unas 7.800 Toneladas, el equivalente a llenar de carbón el campo de fútbol de Buenos Aires hasta una altura de 4 metros)
El ingeniero de montes encargado de vigilar esta extracción de cargas de carbón ponía en duda que se pusiera sacar esa cantidad. Habiéndose sacado unas 26.000 cargas, el ayuntamiento y el propio ingeniero proponían sacar un máximo de 45.000 cargas, por lo que el interesado se querella años después contra el ayuntamiento, consiguiendo que se le recompensara económicamente hasta el montante total de la subasta.
(BOE de 29 de Mayo de 1865)
Foto de carbonera en el Monte Utiru.
Plano de Localización de algunas de las carboneras de Lunada.




LOS PRIMEROS HABITANTES DE LOS CUATRO RÍOS PASIEGOS:

 

Hoy vamos a hablar de las evidencias de ocupación humana más antiguas que se conocen en nuestra montaña pasiega. Se trata de enterramientos humanos correspondientes a la Edad del Cobre, periodo también conocido como Calcolítico o Eneolítico. Este periodo comprende aproximadamente la época que va entre los años 3.500 y 2.500 a.C. entre el final del Neolítico y el inicio de la Edad del Bronce. Es decir, hace unos 5.000 años, 4.000 años antes de que los primeros pastores de Oña ocuparan nuestras montañas, ya existían asentamientos de los primeros humanos que aprendían a manejar metales dúctiles como el cobre.
Frente a la carretera que une las Machorras con el barrio de Salcedillo, sobre el cabañal de Valdescaño, se localiza el monte la Garma. En este entorno, separadas por la Calleja de las Cuevas, se encuentran las Cuevas de las Peñas de Valdescaño y de Ojerones de Montescusu.
Pues bien, en 1966, Ernesto Nolte e Isabel Imann Núñez visitaban las Cuevas de Ojerones de Montescusu, localizando superficialmente restos humanos y una cuenta de collar de calaíta. Posteriormente, en 1969, el propio Nolte y Juan María Apellaniz, llevaron a cabo una excavación arqueológica en la cual encontraron numerosos restos arqueológicos de época protohistórica. Entre ellos destacan restos de enterramientos humanos, especialmente infantiles; numerosas cuentas de collar de distintos tipos de roca; lascas, hojas y dientes pulimentados; una pulsera de un grueso hilo de cobre redondeado en sus dos extremos y numerosos fragmentos de cerámica prehistórica. La mayoría de estos hallazgos se realizaron en la Cueva de Ojerones de Montescusu I, en la Cueva de Ojerones de Montescusu II, se encontraron también fragmentos de cerámica de origen Medieval.
El estudio más minucioso de este hallazgo arqueológico, habla de una datación imprecisa, fechando los restos entre la fase final de la Edad del Cobre y la Edad del Bronce. Sin embargo, este estudio relaciona los restos con otros correspondientes al mismo periodo hallados en Santimamiñe, y que, según estudios recientes de datación por el método del Carbono-14, han sido fechados hacia el año 3.700 a.C.
En otras prospecciones realizadas en diferentes cuevas de las Peñas de Valdescaño, se han hallado también restos humanos y cerámicas correspondientes a la edad del Bronce. (2.500-1000 a.C.)
Foto I: Panorámica del Monte la Garma, con las Cuevas de las Peñas de Valdescaño a la izquierda y la zona de Ojerones de Montescusu a la derecha.
Foto II: Ajuar de Ojerones de Montescusu I.