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EL FIELATO DE LA RAMPLA


En la imagen podemos ver la caseta donde se localizaba el antiguo Fielato de la Rampla, ubicado junto al cruce que marca el inicio del Portillo de la Sía.  

Fielato era el nombre popular que recibían en España las casetas de cobro de los arbitrios y tasas municipales sobre el tráfico de mercancías, aunque su nombre oficial era el de estación sanitaria, ya que aparte de su función recaudatoria servían para ejercer un cierto control sanitario sobre los alimentos que entraban en las ciudades. 

El término fielato procede del fiel de la balanza que se usaba para el peaje. Según Joan Corominas viene de Latín *Filum (Hilo), que San Isidoro de Sevilla emplea como "fil de la balanza", derivando en "Fiel de la Balanza" por una metáfora natural, pues la función del fiel de pesos es asegurar la exactitud en la medida con el fin de cobrar el impuesto apropiado. 

Además de las mercancías, los ganados vacunos, caballa­res, asnales, mulares, ovinos, ca­prinos o porcinos que entraban en la villa para ser vendidos en las ferias o mercados, eran inspeccio­nados por el oficial de arbitrios y pagaban "el punto" como impues­to. 

Estos establecimientos se popularizaron con la reforma tributaria del ministro Alejandro Mon de Isabel II en 1845, sustituyendo al sistema de cobro de portazgos propio del Antiguo Régimen. Su funcionamiento se mantuvo hasta el año 1963, cuando desaparece definitivamente el Impuesto de Consumos establecido en 1845. 

En este caso se localiza en un punto estratégico, pues el local se situaba al inicio de los tres caminos mulateros que cruzaban la Cordillera Cantábrica. Todo indica que esta oficina ya estaba en funcionamiento hacia 1880, cuando concluía la ejecución del primer tramo de la carretera entre Villasante y Entrambasmestas hasta Las Machorras. 

Durante décadas, los pasiegos encontraron la forma de eludir los controles y el pago de estos impuestos utilizando el "Camino de las Espinillas", entre Bárcenas y Las Machorras. Con el paso del tiempo, esta ruta pasó a conocerse como el "Camino del Estraperlo", precisamente porque permitía evitar el paso por el fielato, especialmente durante los difíciles años de la posguerra.