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SANTA JULIANA DE BÁRCENAS.

 

Hoy vamos a contaros las verdades y mentiras de Santa Juliana de Bárcenas, uno de los focos iniciales de un proceso de transformación del paisaje de más de 1000 años conocido como Pasieguización.
También os avisamos de que muchas de las cosas que os contaremos, sin ser inventadas, son bastante susceptibles de ser verdad…
Somos conscientes de que existirán errores groseros en nuestra narración.
Aunque la información que damos, a veces parezca imaginada y en ocasiones descrita de forma muy burda… como diría Ferreras: Vamos con ello…
Lo más probable es que la erección del monasterio de santa Juliana se produjese a lo largo del S. IX, como núcleo de colonización del Reino de León alejado de las vías romanas por las que los árabes acometían sus razzias.
Más creíble es que la primera ocasión en la que se documenta este templo tuviese lugar en el año 1011, en la carta de fundación del Monasterio de Oña en la que aparecen las palabras que dan título a nuestra página:
"Villa Para cum integrante"…"In Spinosa, nostram portionem"
…”In Espinosa, totam nostram portionem, et sacnti Nicholay, cum integritate. IN BARÇENAS, ECCLESIAM SANCTE IULIANA, MEDIETATEM. Et in sancta Eulalia, medietatem."
Lo que sí parece que está demostrado, es que hacia el año 1105, Doña Mayor dona a los monjes de San Salvador de Oña y a su abad Juan, una parte de sus pertenencias en los monasterios de Santa Eulalia de Espinosa de los Monteros (Santolalla), Santa Juliana de Bárcenas y San Esteban de Lornilla (actual Hornillayuso):
"Et illud monasterium de Varanda cum sua hereditate ac divisa, cum suis exitibus et introitibus, in montibus, in fontibus, et pratis, et molinis et pascuis qualicumque isti rationi pertinet ab omni integritate. Et IN SANCTA IULIANA DE BARCENAS ILLAM QUARTAM RATIONEM; et in Sancto Stephano de Lornilla illam quartam rationem cum suis hereditatibus et divisis…"
A lo largo de los siglos XII y XIII, se suceden distintas donaciones de partes de este monasterio pertenecientes a diferentes particulares al monasterio de Oña...
De tal modo que entre donaciones de medias, cuartas y sextas partes… podríamos hablar, al menos, de tres monasterios de Santa Juliana en Bárcenas de Espinosa, de la Bureba o de cualquier otro lugar…
Lo que tenemos meridianamente claro, es que el monasterio de santa Juliana se localizaba en el centro de un territorio que coincidía con el espacio que los Condes de Castilla habían donado a la cabaña ganadera del Monasterio de Oña en el año 1011.
Estamos hablando de Los Tres Ríos Pasiegos Originales:
El Río de la Sía, el Arroyo de la Cubilla y el Barranco del Mailo. (Ahondaremos en estas mentiras en sucesivas publicaciones)
De este modo, durante los siglos XII y XIII, el monasterio de santa Juliana se convierte en el centro administrativo desde el que los monjes de la orden de san Benito vigilaban a sus cerdos, vacas, cabras y ovejas.
Cruzando el arroyo por el Puente de la Cubilla, descrito como altomedieval en el Inventario Arqueológico de Espinosa, los monjes benedictinos de Oña accederían al paraje conocido por la sabiduría popular como el "Moral" o el "Castillo". (Se trata de un lugar elevado en mitad del valle desde el que sería fácil vigilar las actividades ganaderas).
Según información de los habitantes de este valle, el nombre de "El Moral" proviene de los tiempos en los que los moros habitaban nuestros montes.
Sin embargo, tenemos como cosa cierta que el uso de la palabra "Moro" se aplica normalmente cuando los habitantes de un lugar han perdido la memoria de los primitivos moradores de sus lugares de habitación…
La actividad ganadera del Monasterio de Oña comienza a decaer en la segunda mitad del S. XIII, casi un siglo antes de que los Monteros de Espinosa, con el Privilegio de Herbazgo, heredasen la condición de actores principales en el pastoreo de los Montes de Pas…
En esta época, el monasterio de santa Juliana se comienza a alquilar a particulares…
En 1279 se arrendaban el monasterio y sus heredades a García Ruiz, hijo de Pedro Pérez de Berrueza (el solar de Pero Pérez y de Rui Perez es mencionado como uno de los solares originales de Monteros en la pesquisa encargada por Alfonso VIII) a cambio de nueve maravedís de la buena moneda de los burgaleses.
En 1289 se arrienda a don Martín de por vida. ¿Será el mismo D. Martino que alquilaba el Monasterio de san Martín de Sorriba unos años antes? Esta vez a cambio de una renta de 90 maravedís de los de la guerra y de que mandase cantar todas las horas y que se cumpliese de cera y aceite, y, que morase personalmente en las casas.
En estos finales de la Edad Media, los monjes de la orden de san Benito iniciaron un proceso de abandono progresivo de los actos sacramentales y actividades religiosas que habían venido oficiando en Espinosa, Bárcenas y los Montes de Pas.
Abandonados por los monjes benedictinos, los vecinos de Espinosa refundan la Iglesia de Santa Cecilia, mientras que en Bárcenas y las Villas Pasiegas se erigen los templos de Santa María Magdalena y Nuestra Señora del Prorrato respectivamente…
Pero los centros de culto de Oña siguen conservando las pilas bautismales existentes en todo este territorio, lo que conllevaba el pago de los diezmos a sus monasterios de Santa María de Berrueza, San Nicolás de Quintanilla y Santa Juliana de Bárcenas.
Por esta razón se inicia un proceso de pleitos multisecular que finaliza en el año 1576, en una Concordia entre el Arzobispado de Burgos y el Monasterio de Oña mediante la cual se debían repartir los diezmos tanto en Bárcenas como en Espinosa.
En el caso de Espinosa, los ingresos se repartían por meses: un mes a San Nicolás, otro a Santa Cecilia, el siguiente a Santa María de Berrueza y vuelta a empezar.
En el caso de Bárcenas, el reparto se haría de forma semanal: una semana para la iglesia de Santa Juliana y otra para la iglesia de la Magdalena.
Además, se obligaba a Oña a establecer dos clérigos en los templos de san Pedro y Santa María en los Montes de Pas; y al Arzobispado de Burgos a financiar mediante parte de los diezmos que cobraba en el páramo de Espinosa, la reparación de los abandonados templos de las futuras Villas Pasiegas.
El reparto de las imposiciones religiosas en el Concejo de Bárcenas se mantendría hasta bien finalizado el Antiguo Régimen.
En tiempos del Catastro de la Ensenada, a mediados del S. XVIII, el devengo de diezmos se hacía en tres partes iguales de 1118 reales cada una:
"lleva la una el cabildo de dicha Villa de Espinosa en que es comprendido este conzejo de Barcenas: Otra el Real Monasterio de san Salbador de la Villa de Oña horden de San Benito, y la otra el ilustrísimo Señor Arzobispo de Burgos"
En tiempos de la Batalla de Espinosa, santa Juliana aún contaba con Fr. Juan Pérez Conde como encargado de administrar los bienes de Oña en Bárcenas.
Hacia la mitad del S. XVIII, según el Diccionario de Madoz, todavía consta santa Juliana como una de las 6 iglesias parroquiales de Espinosa de los Monteros.
A día de hoy, sólo nos queda constatar la casi total desaparición de este templo a tenor de lo que nos cuenta de los restos del mismo el Inventario Arqueológico de Espinosa:
"Se trata de un espacio asentado sobre una superficie aterrazada, conocida con el topónimo de Santa Juliana, que aparece ligeramente inclinada hacia el Barranco de la Cubilla, situándose a unos 150 m de su cauce en la margen izquierda y dominando visualmente el valle del río Trueba, que se desarrolla al oeste.
En superficie se reconocen los restos de la antigua ermita de Santa Juliana, que según la tradición oral se localizaba en este espacio. Se pueden reconocer parte de los muros de cierre, concretamente de su lateral este, en las fincas de las huertas actuales. El edificio tendría cabecera recta, se encuentra actualmente integrado dentro de la valla de cierre de la parcela donde se ubican los restos, espacio usado como huerto. El aparejo es de mampostería de sillarejo y sillar de caliza, trabado con mortero de cal, conservándose una altura aproximada de 1,60 m."
Foto de Bárcenas desde el Pico Santa Juliana. También se pueden ver los lugares donde se localizaban el Monasterio y el Castillo.



PICÓN BLANCO: ECOS DE LA GUERRA FRÍA Y DEL 23-F.

 

Una semana después del inicio de la demolición de la antigua base militar de Picón Blanco, queremos recordar parte de su historia y del uso militar al que estaba destinada.
El CT-9 (Centro Táctico N° 9), perteneciente a la Red Territorial de Mando (RTM), fue una base militar de corta vida (aproximadamente entre los años 1976 y 1996).
El proyecto de la RTM surge como consecuencia de los acuerdos alcanzados entre Franco y Eisenhower tras la visita del presidente americano a España el 21 de diciembre de 1959, dentro del marco geopolítico de la Guerra Fría y en vistas de una futura adhesión del ejército español a la OTAN.
A comienzos de los años 60 se empieza a poner en marcha este proyecto, consistente en una red de difusión de ondas troposféricas y de microondas cuya dispersión debía ser realizada mediante 15 Centros Tácticos repartidos por toda la geografía española, conectados a su vez con el RT-22 con sede en el Pardo.
El objetivo de estas bases era el de establecer una red de telecomunicaciones (telefonía y telegrafía), independiente de las infraestructuras civiles. Las construcciones y equipos eran de diseño norteamericano. En los años 97-98 todas se vieron clausuradas sustituidas por los satélites. La base de Picón Blanco servía de enlace entre la CT-20R con base en Huérmeces (Burgos) y el CT-8 (Vértice Esteban, provincia de Zaragoza). Cada centro táctico debía tener visual directa con las bases con las que conectaba, lo que nos da idea la la amplia visual que se puede observar desde este lugar.
En caso de una hipotética guerra nuclear (como la que se preveía entre los años 60 y los 90), las comunicaciones por microondas no serían afectadas por la radiación. Es más, su velocidad de trasmisión aumentaría en una ionosfera contaminada, siendo el mejor medio para coordinar un contraataque contra las tropas del Pacto de Varsovia.
Según cuentan ex-oficiales de esta Red Territorial de Mando, durante el intento de golpe de estado del 23-F saltaban chispas de las antenas y parabólicas de Centros Tácticos como el de Picón:
"Su Majestad el Rey, utilizó el teléfono de la «RTM» el «23-F», para comunicarse con las Capitanías Generales. El sistema era cuasi inviolable y seguro"
"Me acuerdo que 5 dias antes del 23F mi analista (Williams creo si me recuerdo bien) me informo que el Rey deseaba un teléfono rojo para su residencia en la Aravaca y claro quien era yo para negarselo, aunque eso no era parte de la evalucion que se estaba llevando a cabo. El dia siguiente de haber facilitado el teléfono al Rey el numero de llamadas hechas a traves de la RTM se duplico; seguido hasta el mismo 23F.”
En el caso de Picón Blanco la actividad militar cesó en 1999. En 2006 se suprimió como Zona de Seguridad del Ministerio de Defensa, propiciando el saqueo de las instalaciones que han derivado en un penoso estado de ruina.
Al Picón Blanco le espera un nuevo amanecer. Las ruinas de la base serán demolidas, reciclando el material con el que fue construida para el arreglo de caminos de la zona.
Asimismo, se realizará una restauración ecológica de la cima mediante la reposición de especies autóctonas de vegetación de alta montaña, así como la creación de dos vasos lagunares y su habilitación como zona húmeda. Potenciando la introducción de flora y fauna autóctona y de elevada singularidad.
Foto: "Amaneceque no es poco" desde Picón Blanco.



CABAÑALES CON HISTORIA II: EL ROSTRO.

 

Hoy nos salimos de la jurisdicción actual de Espinosa. Aunque por poco. Estamos hablando de El Rostro, uno de los cabañales más antiguos de toda la pasieguería que aparece constantemente en la documentación asociada a los límites de Espinosa.
El cabañal recibe su nombre del cercano Pico del Rostro, también denominado Peña del Cuervo. Del latín *Rostrum (Pico, hocico, morro). En realidad hacía referencia, en general, al morro de los animales. Podría tener un sentido oronímico similar al de Pico.
La descripción que hace Manuel García Alonso del estado actual del cabañal, nos habla bien a las claras de su antigüedad:
"Cabañal de breniza más pequeño pero similar al de La Vara en morfologías constructivas; situado en el collado que separa la Peña del Rostro y la Peña del Cuervo, en el término municipal de La Vega. Es de un alto interés porque conserva, en ocasiones reutilizadas para amontonar piedras sueltas, restos de construcciones de brena rectangulares, de reducida planta y con vanos de acceso diminutos, propias de los primeros pastores pasiegos, con una cronología que pudiera situarse desde el siglo XVI hasta la primera mitad del siglo XVIII. Las demás construcciones, en uso, son posteriores, alcanzando hasta el siglo pasado."
No es descabellado pensar que este cabañal, junto con los de Colina, Lelsa y la Vara, conformase el antiguo monasterio alto-medieval de San Andrés de Trueba citado en el S. XVII por Gregorio Argáiz en "La soledad laureada por San Benito y sus hijos en las Iglesias de España y teatro monástico de la provincia de Asturias y Cantabria".
Pensamos así, por la descripción que hace del mismo en la Pág. 539:
"El Monasterio de San Andrés se edificó a tres leguas, poco menos, de Espinosa, a la parte de Septemtrión, en un sitio frío áspetro y retirado, tocando el puerto de Trueva y Lunada. Arguye lo riguroso del sitio, el averse edificado por los monges muy santos en tiempo de los godos, o por muy afligidos en el de los moros, porque dudo que menores motivos o necesidad menor les obligase a vivir en tal sitio. Llegó su patronato a estar en cabeza de un caballero llamado Martín Alfonso, que tengo por probable y sospecho fue el conde de este nombre que hermana los privilegios de estos tiempos, y fue querido de los reyes. Éste pues, lo entregó al monasterio de Oña el año de 1105, con todo lo que tenía entre sus hermanos, prometiendo de enterrarse en Oña con su mujer, donando la tercera parte de su hacienda. Extinguieronse los monges dexando aquel sitio por cosa inhabitable, aunque a los principios lo hizieron ellos, y tantos christianos retirados de los moros, que se honró un linaje de ellos con el apellido de Trueba, y hoy perseveran hidalgos conocidos en Espinosa."
Esta teoría se ve reforzada si parafraseamos a Adriano García Lomas en su libro "Los Pasiegos":
"… que el PAS o PASO inicial y más viable para ser cruzada desde su parte oriental hacia los Montes de Pas por los pastores trashumantes que conducían sus ganados procedentes de San Salvador de Oña, tuvo que ser a través del cordel o cañada comprendido entre Peña del Cuervo (especie de tejaroz situado en una grada de la falda de Peña Negra) y el Puerto de las Estacas…"
"Conocemos, además, por testimonio de la tradición oral, que la más antigua y primera organización de permanencia temporal de los manaderos de Oña o de Espinosa de los Monteros se llevó a cabo tomando como centro de observación un paraje atalayado desde donde se contempla un panorama portentoso y difícil de plasmar. Desde aquel deleitoso mirador, denominado La Vara, se dominaban las actividades pastoriles de entonces, y en él aún existen edificios semiderruidos, en uno de los cuales se regulaban las disposiciones
relativas al aprovechamiento de los pastos circundantes."
Hasta aquí todo tradición oral e historiografía barata, vamos ahora con la documentación histórica más contrastada.
La primera mención al cabañal de la que tenemos constancia es "El Libro de la Montería" de mediados del S. XIV. Por aquel entonces, la línea de armadas desde las que los Monteros ahuyentaban a las fieras discurría "desde Bustelario fasta el -Rostro de Peñanera-"
En la era de 1414 (año de 1376), se realiza un apeo de todos los límites de Espinosa con las jurisdicciones vecinas. Este apeo se produce como consecuencia de un pleito por pastos con el Valle de Soba. Entre otros, se revisan los límites con el señorío de Castañeda (jurisdicción que englobaba las actuales Villas Pasiegas).
Por aquel entonces, el lindero discurría por "…otro mojón que estava encima del Collado de Oz Martín entre Castro de Penañella que dicen que parte entre Espinosa y Castañeda, e luego mas adelante mostraron nos otro mojón que estava en la faya de -Rostro Peñanera- que dicen que partía término entre Espinosa y Castañeda, e luego mas adelante mostraron nos otro mojón que estava encima Ensomo de Trueva"
Otro documento que menciona este lugar, es el Apeo y vista de ojos de la mojonera entre Espinosa y las Villas Pasiegas (4 de junio de 1689) hecho a resultas de la concesión del Privilegio de Villazgo, donde aparece como -Calleja del Rostro-:
"…Y desde el dicho sitio y canton de la Peña del Cuerbo donde an llegado, fueron somo adelante asta la Calleja nombrada del Rostro. y desde ella al sitio de lo alto de los Mediaderos somo adelante asta lo alto de la Madera y desde este sitio asta la Cruz de encima de Trueba..."
Reconociendo que de aquí en adelante no se podía proseguir el apeo por lo accidentado del terreno:
"Dijeron aver llegado a el Canton de la Peña del Cuerbo y desde el aver visto las cumbres y despeñaderos nombrados. La Peña de los Veares, lo Alto del Castro Valnera, lo alto de Oz Martín, lo alto de la Capilla, el castro y la Peña del Cuerbo. Que por ser tierra fargosa y de mucho peligro de despeñarse no an subido oy dicho dia a dichos sitios en los que las aguas dividen los dichos términos de las Villas de Espinosa y Nuestra Señora de la Vega Montes de Pas…"
El reconocimiento de las líneas límite que aparecen en los mapas actuales se produce el 15 de septiembre de 1924. En ausencia de representantes de la Vega de Pas, reunidos los representantes del ayuntamiento de Espinosa con técnicos del Instituto Geográfico Estadístico y Catastral, reconocen en este lugar el 11º mojón que deslindaba los municipios de Espinosa y la Vega de Pas:
"Se reconoció como tal una lastra de forma irregular, empotrada a ras de suelo, cuyas mayores dimensiones son, en su superficie visible: 1m de longitud por 50cm de latitud. Se halla en lo alto de un cerro y sitio denominado -Pico del Rostro-, en terreno de pastos perteneciente al estado y en la divisoria de aguas de dicho cerro. Desde él se ven al NO las cabañas del -Rostro-, no se ve el mojón anterior. La línea de término reconocida entre los mojones 10º y 11º es la determinada por la divisoria de aguas."
Foto del cabañal del Rostro desde la Peña del Cuervo.



LA CENTURIA CATALANA: CATALANES MUERTOS POR ESPAÑA EN LOS MONTES DE ESPINOSA.

 

Este fin de semana de elecciones catalanas, queremos recordar la historia de un grupo de catalanes falangistas que, al iniciarse la guerra, huyeron de su Cataluña natal para pasarse al bando franquista.
La "I Centuria Catalana Virgen de Montserrat", fue uno de los muchos grupos "paramilitares” conformados al principio de la guerra civil.
En agosto de 1936, empezaron a llegar a Burgos los primeros falangistas catalanes huidos de la zona republicana. Tras un breve periodo de instrucción, parten hacia el frente de Espinosa el 5 de octubre con un contingente de unos 118 hombres a las órdenes del capitán Martín Busutil. Como capitán instructor, contaban con el aventurero y ex-capitán de la caballería finlandesa Carl Von Haartman, que llegó a ser actor en películas de Hollywood de finales de los años 20, alguna de ellas dirigida por el mismísimo Howard Hughes.
Ya el 10 de octubre se inició su actividad bélica, en un contraataque desde Quintana de los Prados ocupando el pueblo de Montecillo tras el intento republicano de romper el frente en el sector de Loma de Montija.
También participaron, junto a las Centurias burgalesas N°13 y 17 en la conquista de la posición del Mirador en la Herbosa el 8 de noviembre.
El 2 de enero de 1937, entrarían de nuevo en acción en este mismo sector, en un intento de recuperar la posición del Mirador tras haber sido sorprendidas, y desplazadas de los parapetos, las fuerzas nacionales mientras celebraban el año nuevo de 1937.
Pero la principal acción por la que se recuerda a la Centuria Catalana tuvo lugar el 6 de diciembre de 1936.
A primeros de ese mes, las fuerzas republicanas iniciaban una ofensiva en el frente de Espinosa. Por el Norte avanzaban tomando el Alto de los Mostajos en el Costal y la cota de Picón Blanco, mientras por el Este intentaban avanzar sobre Quintana de los Prados.
En mitad de estos avances, en el sector denominado Caballo, se encontraban las tropas de la Centuria Catalana que se vieron sorprendidas por las milicias republicanas en la madrugada del 6 de diciembre, sufriendo numerosas bajas.
Como en la guerra y en la política la primera víctima es la verdad, queremos ofreceros dos versiones diferentes de este capítulo histórico. Ambas están escritas por integrantes del bando nacional, sin embargo ninguno de ellos participó en la acción.
La 1ª (menos creíble al no concordar las posiciones del frente en aquellos días) escrita 12 años después por el integrante de la Centuria Montañesa R. de la Serna, presente en el frente de Espinosa y que describía los hechos en una revista católica catalana de la forma siguiente:
"…el cinco de diciembre. Bien de mañana se vió desde las posiciones ocupadas por la «Virgen de Montserrat» destacarse de las enemigas un nutrido grupo de milicianos. Avanzó lentamente, bandera blanca desplegada en cabeza, cruzando con bastantes dificultades la inmensa sábana blanca que cubría con una capa de más de veinte centímetros de nieve toda la tierra hasta el horizonte, piadoso sudario que pasadas no muchas horas había de amparar tantos cadáveres. Pedían parlamento. Y se parlamentó. En una barrancada intermedia los nacionales se informaron de que al día siguiente se pasarían a sus filas para luchar al lado de Franco, la mayor parte de las fuerzas defensoras de La Herbosa.
Con las primeras luces del seis de diciembre de hace doce años, fecha de la heróica gesta, comenzaron a abandonar sus trincheras las fuerzas adversarias, llevando en cabeza como el día anterior una bandera blanca desplegada. En aquellos momentos montaban guardia en la posición nacional treinta hombres, diez en cada parapeto.
El resto de la Centuria descansaba en su cuartel de Espinosa.
Los catalanes, confiados en las negociaciones de la víspera, dejaron avanzar al enemigo, pero cuando éste se encontraba a muy escasos metros de las alambradas españolas abrió nutridísimo fuego, y se desplegó en franco ataque. ¡Procedimientos muy marxistas! La reacción no se hizo esperar e inmediatamente los treinta falangistas, al grito de ¡Arriba España! iniciaron el contraataque contra fuerzas cien veces, mil veces, mayores.
Los camaradas de la Catalana, que se encontraban en Espinosa, al oír el nutridísimo fuego, y comprender que sus compañeros corrían un grave peligro, sin recibir órdenes de nadie, cada uno por su propia iniciativa, se lanzaron Caballo arriba, en auxilio de los que se defendían bravamente. A esta heroíca resistencia que en los primeros momentos ofrecieron los treinta falangistas de guardia, y al refuerzo prestado tan rápida como oportunamente por sus camaradas, se debió el que quedara frustado el plan «sorpresa», pues dieron tiempo a que se organizara en debida forma el contraataque. Despues de un serio combate los atacantes se retiraron a las nueve de la manana, dejando la nieve sembrada de cadáveres."
"… La unidad quedó momentaneamente deshecha. El sesenta por ciento de sus elementos había caído con alegría y ardor por Dios y por España... Diez muertos y más de cuarenta heridos fué el elocuente balance."
La 2ª aparece en el libro "Los Catalanes en la guerra de España", escrito en 1951 por José María Fontana, falangista que se incorporó a las filas de la Centuria Catalana días después de la masacre:
"Yo llegué a la España Nacional el día 19 de diciembre. Y me explicaron que hacía pocos días, el 6 de dicho mes, la centuria Virgen de Montserrat había sido diezmada. Los rojos santanderinos atacaron de noche todavía, nuestras débiles posiciones que, en el Alto del Caballo, defendían Espinosa de los Monteros. El fuego resultaba ensordecedor, y antes de que llegara el parte, todos se vistieron, dispuestos a subir en socorro de sus camaradas. La situación era crítica, pues, acercándose el enemigo en la oscuridad y en número muy superior, había logrado ocupar los primeros parapetos. Sin esperar órdenes, todos emprendieron la subida: Arolas, que balara gloriosa muerte a sus cincuenta años; enfermos de cuidado, como Leoncio Soler de Puig (nieto de don Leoncio Soler y March, ex senador y diputado de la Lliga), que murió al recoger a un soldado herido, y todos los que estaban en el hospital. El espectáculo de arriba era trágico. Muertos, por todas partes, y algunos, como Farfán y Rafael Soler, ya en poder de los rojos. Casi todos los supervivientes, heridos. Pero, rabiosamente pegados al terreno y cubiertos de sangre, Forgas, Figuerola, Iglesias, Martí, Sanz, Martínez, Solé, Foret, Delcort, Llobet..., siguen disparando mientras les queda sangre y fuerza para cargar. Todos los parapetos están tomados y en forma de semi círculo baten al único y último que queda, llamado parapeto central. Aquí se replegó el grueso de supervivientes, y los demás se repartieron por los flancos. El frío es intenso y la niebla cubre por unos momentos la trágica escena, ocasión que se aprovecha para retirar y recoger
heridos y muertos. Los rojos se han aproximado, y, ocultos por una nube baja que se arrastra hacia nosotros, surgen sus sombras a menos de treinta metros. Caen muchos. Sólo tres hombres quedan en pie en este parapeto, y los tres están levemente heridos. Martinez Torres se pone a la ametralladora, mientras Pedro Pere y Rodríguez tiran las bombas de que disponen y siguen disparando sin cesar. Se unen unos cuantos con Carreras, Iglesias, Cusi, Marti Puntas, Mussons, Llorens, Moragas, Vila, Batllevell, Geis, Carait, y por el flanco les castigan en descargas cerradas. No queda más munición en la ametralladora. Se desenvainan los machetes, y se inicia la carga a la bayoneta. Antonio Quijada la clava tan fuerte, que no puede sacarla del cuerpo enemigo y recibe a su vez un tremendo bayonetazo en el vientre. El choque es violento, y el combate dura cuatro horas y media. De ochenta combatientes quedaron muertos 17 y 50 heridos. Pero la bandera de España siguió flotando en El Caballo! Cuando el jefe quiso pasar revista a la centuria tuvo que desistir, pués le fue más fácil tomar nota de la docena y pico de supervivientes."
En junio de 1949, algunos de los supervivientes, junto a familiares de los fallecidos, rendían homenaje a los muertos de la Centuria Catalana en una visita a Espinosa.
Como conmemoración de este homenaje, se erigió una lápida con el nombre de 8 de los fallecidos en el cementerio. También se colocó una imagen de la Virgen de Montserrat en la iglesia de Espinosa, donde antiguamente se encontraban el Archivo y Privilegios de la Villa.
Igualmente se erigió una cruz de hormigón en el Alto de los Laus, posición ocupada por los catalanes durante aquel invierno del primer año de la Guerra Civil.
Foto de la Cruz de los Catalanes.



LAS “HERIDAS” DE LA GUERRA CIVIL EN NUESTROS MONTES

 

Casi 90 años después de que el frente del norte de Burgos se instalara en nuestras montañas, aún son visibles muchas de las cicatrices que la guerra nos dejó en el paisaje.
En la mayoría de casos, reconocemos estas heridas como zanjas longitudinales en zig-zag. En otros casos, las plantaciones de pino silvestre han borrado las evidencias de antiguos parapetos.
Plano de situación de trincheras de la Guerra Civil en Espinosa.
Parapeto del Cotero de lo Rozao, entre Peña Churra y el Poyuelo.