Este fin de semana de elecciones catalanas, queremos recordar la historia de un grupo de catalanes falangistas que, al iniciarse la guerra, huyeron de su Cataluña natal para pasarse al bando franquista.
La "I Centuria Catalana Virgen de Montserrat", fue uno de los muchos grupos "paramilitares” conformados al principio de la guerra civil.
En agosto de 1936, empezaron a llegar a Burgos los primeros falangistas catalanes huidos de la zona republicana. Tras un breve periodo de instrucción, parten hacia el frente de Espinosa el 5 de octubre con un contingente de unos 118 hombres a las órdenes del capitán Martín Busutil. Como capitán instructor, contaban con el aventurero y ex-capitán de la caballería finlandesa Carl Von Haartman, que llegó a ser actor en películas de Hollywood de finales de los años 20, alguna de ellas dirigida por el mismísimo Howard Hughes.
Ya el 10 de octubre se inició su actividad bélica, en un contraataque desde Quintana de los Prados ocupando el pueblo de Montecillo tras el intento republicano de romper el frente en el sector de Loma de Montija.
También participaron, junto a las Centurias burgalesas N°13 y 17 en la conquista de la posición del Mirador en la Herbosa el 8 de noviembre.
El 2 de enero de 1937, entrarían de nuevo en acción en este mismo sector, en un intento de recuperar la posición del Mirador tras haber sido sorprendidas, y desplazadas de los parapetos, las fuerzas nacionales mientras celebraban el año nuevo de 1937.
Pero la principal acción por la que se recuerda a la Centuria Catalana tuvo lugar el 6 de diciembre de 1936.
A primeros de ese mes, las fuerzas republicanas iniciaban una ofensiva en el frente de Espinosa. Por el Norte avanzaban tomando el Alto de los Mostajos en el Costal y la cota de Picón Blanco, mientras por el Este intentaban avanzar sobre Quintana de los Prados.
En mitad de estos avances, en el sector denominado Caballo, se encontraban las tropas de la Centuria Catalana que se vieron sorprendidas por las milicias republicanas en la madrugada del 6 de diciembre, sufriendo numerosas bajas.
Como en la guerra y en la política la primera víctima es la verdad, queremos ofreceros dos versiones diferentes de este capítulo histórico. Ambas están escritas por integrantes del bando nacional, sin embargo ninguno de ellos participó en la acción.
La 1ª (menos creíble al no concordar las posiciones del frente en aquellos días) escrita 12 años después por el integrante de la Centuria Montañesa R. de la Serna, presente en el frente de Espinosa y que describía los hechos en una revista católica catalana de la forma siguiente:
"…el cinco de diciembre. Bien de mañana se vió desde las posiciones ocupadas por la «Virgen de Montserrat» destacarse de las enemigas un nutrido grupo de milicianos. Avanzó lentamente, bandera blanca desplegada en cabeza, cruzando con bastantes dificultades la inmensa sábana blanca que cubría con una capa de más de veinte centímetros de nieve toda la tierra hasta el horizonte, piadoso sudario que pasadas no muchas horas había de amparar tantos cadáveres. Pedían parlamento. Y se parlamentó. En una barrancada intermedia los nacionales se informaron de que al día siguiente se pasarían a sus filas para luchar al lado de Franco, la mayor parte de las fuerzas defensoras de La Herbosa.
Con las primeras luces del seis de diciembre de hace doce años, fecha de la heróica gesta, comenzaron a abandonar sus trincheras las fuerzas adversarias, llevando en cabeza como el día anterior una bandera blanca desplegada. En aquellos momentos montaban guardia en la posición nacional treinta hombres, diez en cada parapeto.
El resto de la Centuria descansaba en su cuartel de Espinosa.
Los catalanes, confiados en las negociaciones de la víspera, dejaron avanzar al enemigo, pero cuando éste se encontraba a muy escasos metros de las alambradas españolas abrió nutridísimo fuego, y se desplegó en franco ataque. ¡Procedimientos muy marxistas! La reacción no se hizo esperar e inmediatamente los treinta falangistas, al grito de ¡Arriba España! iniciaron el contraataque contra fuerzas cien veces, mil veces, mayores.
Los camaradas de la Catalana, que se encontraban en Espinosa, al oír el nutridísimo fuego, y comprender que sus compañeros corrían un grave peligro, sin recibir órdenes de nadie, cada uno por su propia iniciativa, se lanzaron Caballo arriba, en auxilio de los que se defendían bravamente. A esta heroíca resistencia que en los primeros momentos ofrecieron los treinta falangistas de guardia, y al refuerzo prestado tan rápida como oportunamente por sus camaradas, se debió el que quedara frustado el plan «sorpresa», pues dieron tiempo a que se organizara en debida forma el contraataque. Despues de un serio combate los atacantes se retiraron a las nueve de la manana, dejando la nieve sembrada de cadáveres."
"… La unidad quedó momentaneamente deshecha. El sesenta por ciento de sus elementos había caído con alegría y ardor por Dios y por España... Diez muertos y más de cuarenta heridos fué el elocuente balance."
La 2ª aparece en el libro "Los Catalanes en la guerra de España", escrito en 1951 por José María Fontana, falangista que se incorporó a las filas de la Centuria Catalana días después de la masacre:
"Yo llegué a la España Nacional el día 19 de diciembre. Y me explicaron que hacía pocos días, el 6 de dicho mes, la centuria Virgen de Montserrat había sido diezmada. Los rojos santanderinos atacaron de noche todavía, nuestras débiles posiciones que, en el Alto del Caballo, defendían Espinosa de los Monteros. El fuego resultaba ensordecedor, y antes de que llegara el parte, todos se vistieron, dispuestos a subir en socorro de sus camaradas. La situación era crítica, pues, acercándose el enemigo en la oscuridad y en número muy superior, había logrado ocupar los primeros parapetos. Sin esperar órdenes, todos emprendieron la subida: Arolas, que balara gloriosa muerte a sus cincuenta años; enfermos de cuidado, como Leoncio Soler de Puig (nieto de don Leoncio Soler y March, ex senador y diputado de la Lliga), que murió al recoger a un soldado herido, y todos los que estaban en el hospital. El espectáculo de arriba era trágico. Muertos, por todas partes, y algunos, como Farfán y Rafael Soler, ya en poder de los rojos. Casi todos los supervivientes, heridos. Pero, rabiosamente pegados al terreno y cubiertos de sangre, Forgas, Figuerola, Iglesias, Martí, Sanz, Martínez, Solé, Foret, Delcort, Llobet..., siguen disparando mientras les queda sangre y fuerza para cargar. Todos los parapetos están tomados y en forma de semi círculo baten al único y último que queda, llamado parapeto central. Aquí se replegó el grueso de supervivientes, y los demás se repartieron por los flancos. El frío es intenso y la niebla cubre por unos momentos la trágica escena, ocasión que se aprovecha para retirar y recoger
heridos y muertos. Los rojos se han aproximado, y, ocultos por una nube baja que se arrastra hacia nosotros, surgen sus sombras a menos de treinta metros. Caen muchos. Sólo tres hombres quedan en pie en este parapeto, y los tres están levemente heridos. Martinez Torres se pone a la ametralladora, mientras Pedro Pere y Rodríguez tiran las bombas de que disponen y siguen disparando sin cesar. Se unen unos cuantos con Carreras, Iglesias, Cusi, Marti Puntas, Mussons, Llorens, Moragas, Vila, Batllevell, Geis, Carait, y por el flanco les castigan en descargas cerradas. No queda más munición en la ametralladora. Se desenvainan los machetes, y se inicia la carga a la bayoneta. Antonio Quijada la clava tan fuerte, que no puede sacarla del cuerpo enemigo y recibe a su vez un tremendo bayonetazo en el vientre. El choque es violento, y el combate dura cuatro horas y media. De ochenta combatientes quedaron muertos 17 y 50 heridos. Pero la bandera de España siguió flotando en El Caballo! Cuando el jefe quiso pasar revista a la centuria tuvo que desistir, pués le fue más fácil tomar nota de la docena y pico de supervivientes."
En junio de 1949, algunos de los supervivientes, junto a familiares de los fallecidos, rendían homenaje a los muertos de la Centuria Catalana en una visita a Espinosa.
Como conmemoración de este homenaje, se erigió una lápida con el nombre de 8 de los fallecidos en el cementerio. También se colocó una imagen de la Virgen de Montserrat en la iglesia de Espinosa, donde antiguamente se encontraban el Archivo y Privilegios de la Villa.
Igualmente se erigió una cruz de hormigón en el Alto de los Laus, posición ocupada por los catalanes durante aquel invierno del primer año de la Guerra Civil.

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