Ni uno, ni cuatro, ni cinco. En el norte de las Merindades existen siete ríos pasiegos, y no es una invención moderna ni una extravagancia localista. Es el resultado lógico de una historia ganadera, jurídica y territorial cuyo eje —como tantas otras veces— vuelve a ser Espinosa de los Monteros.
Desde determinados medios provinciales se insiste periódicamente en presentar la existencia de cuatro valles pasiegos en el norte de Burgos como una rareza aislada, desligada de los valles de los Montes de Pas. Sin embargo, la documentación histórica muestra una realidad mucho más amplia y coherente.
El río pasiego por excelencia: el Trueba. Si existe un río pasiego por antonomasia, ese es el río Trueba. No solo por ser el mejor documentado desde época medieval, sino porque resume como pocos la vocación ganadera de estos valles. No en vano dice el refrán:
“Lunada nada, la Sía fantasía, Trueba ganadería”.
La conocida denominación de Cuatro Ríos Pasiegos —Rioseco, Trueba, Sía y Lunada— no es un invento reciente. Es anterior incluso a la construcción del actual santuario de la Virgen de las Nieves y responde a la división tradicional del antiguo Concejo de Bárcenas.
El quinto río: el Cerneja. A estos cuatro ríos hay que añadir un quinto: el Cerneja, íntegramente en el actual término de Espinosa. Sus cabañales —Cacerneja, el Erbero, la Pedrosa, Cubíos o Cobachos— conservan algunas de las estructuras pasiegas más antiguas y mejor construidas de la comarca.
Más allá de Espinosa: Nela y Engaña. La realidad pasiega en las Merindades no termina en el término municipal de Espinosa. Al norte de la región encontramos otros dos ríos fundamentales: el Nela y la Engaña. Aunque hoy no pertenezcan administrativamente a Espinosa, durante siglos formaron parte de su espacio ganadero efectivo.
Todos estos valles aparecen ya mencionados en el año 1011, dentro del privilegio de pastos concedido por los condes de Castilla a los pastores de Espinosa:
“…Et a la Mata de Nela et ad summo Lavato, et venit per inde ad Busto de Mantare, et in Trioba et in Cernegga…”.
Casi tres siglos después, en 1396, Enrique III concedía a los Monteros de Espinosa el Privilegio de Herbazgo, reiterando los mismos términos territoriales:
“…e Pas e río Nela e Busenantes, e el río de la Engaña e el Llavato…”.
Uso ganadero y conflictos jurisdiccionales. Durante siglos, la potente cabaña ganadera de los Monteros y de sus pastores utilizó estos montes sin grandes conflictos. No será hasta el inicio de la Edad Moderna cuando las jurisdicciones de Valdeporres y Sotoscueva comiencen a poner trabas y a practicar prendadas.
El primer gran conflicto documentado se produce en 1501, cuando Valdeporres embarga a vecinos de Espinosa por pastar en el río Langaña, incautando mantecas y quesos. La reacción fue inmediata y las autoridades de las Merindades obligaron a devolver los bienes.
Una continuidad hasta el siglo XIX. Los pleitos entre Espinosa y Valdeporres se repitieron de forma periódica hasta 1856. En todos ellos, las sentencias dieron la razón a Espinosa, basándose siempre en el Privilegio de Herbazgo y en la carta ejecutoria de 1540.
De estos derechos se beneficiaron también las Tres Villas Pasiegas, cuyos vecinos siguieron considerándose, a efectos ganaderos, vecinos de Espinosa incluso tras la concesión del Privilegio de Villazgo. De esta manera, durante los Siglos XVIII y XIX, las cuencas altas de los ríos Nela y Engaña sufrieron una colonización pasiega similar a la que sufrieron los valles altos de Espinosa.
Conclusión. Allá donde veamos una cabaña pasiega conviene recordar que su existencia no se explica sin Espinosa de los Monteros. La documentación histórica demuestra que existen siete ríos pasiegos al sur de nuestras montañas, y que sus moradores, durante siglos, fueron y se consideraron vecinos de Espinosa.
Una vez más, la historia devuelve a cada valle su lugar.

comentarios:
Publicar un comentario