A la hora de buscar antiguos seles entre los cabañales de los Cuatro Ríos Pasiegos, pocos lugares muestran tantas evidencias de haber sido un asentamiento pastoril medieval como el cabañal del Curro.
Para empezar porque el topónimo aparece atestiguado en la época, al aparecer en el Libro de la Montería como "Colladiello del Corro", hoy Colladía del Curro, que separa la Cubada Pequeña de la Mesa cerrando el valle por el Norte.
También encontramos evidencias arqueológicas, como restos de pequeños cercados y cabañas al principio del hayedo del fondo del cabañal.
Y por si la historiografía y la arqueología no fueran suficientes, contamos además con la toponimia. Y es que el nombre "El Curro" nos habla del uso ganadero al que estaba destinado. Mientras por el día el ganado acudía a lugares elevados y bien ventilados para escapar del calor y de los insectos, a la caída de la tarde se retiraban a los seles en lugares más bajos y protegidos. Los pastores llaman a esta propensión del ganado a elegir los lugares altos y aireados "midiar" y, por el contrario, denominan "acurriar” o "acorrrar" al acto de retirarse a los seles a la caída de la tarde. En estos seles, también denominados "acurriaderos", la manada, cuando la explotación era extensiva, podía defenderse mejor de las fieras.
Del verbo midiar nos quedan topónimos como "Los Miaderos" en la zona de las Motas del Pardo o el "Cotero los Míos" junto al cabañal del Rostro, ambos encima del portillo de las Estacas de Trueba. "El Curro" por su parte es el único topónimo que nos ha quedado en la zona relacionado con el verbo acorrar.


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