Cubíos, Bodegos, Nataderos o Rentirus. Construcciones pasiegas con más de 200 años de antigüedad, en muchos casos con aspecto megalítico. Cuál es la ciencia detrás de estas construcciones destinadas a natar la leche y a la conservación de alimentos, que hasta casi finales del S. XX superaba el poder frigorífico de los electrodomésticos modernos?
Estas construcciones reciben diferentes nombres dependiendo de la naturaleza de las mismas y del uso al que estaban destinadas.
Si se aprovechaba una cavidad natural se denominaba Cubío. A estas pequeñas cavidades se les solían añadir jambas y dinteles monolíticos entre los que se colocaba una puerta de madera. Puertas que llevaban cerraduras de llave, pues además de impedir el acceso de animales, era preciso evitar robos, que en épocas de necesidad eran inevitables. Los Cubíos aprovechaban la ORUNA, el aire frío que sale de las montañas de forma natural.
Con el tiempo los pasiegos aprendieron a generar esta Oruna de forma artificial mediante la construcción de Bodegos o Nataderos.
Se denominaban Bodegos a las construcciones destinadas a la conservación de alimentos que se colocaban en pequeñas hornacinas embebidas en las paredes interiores de los mismos.
Si en cambio, el uso principal era el de obtener nata de la leche se denominaban Nataderos. La leche se introducía en los Nataderos en ollas o cántaras que llamaban de espita, porque cerca de su base tienen un agujerito que solían tapar con un palito envuelto en un trapo. Por él daban salida a la leche desnatada quedando en su interior la nata. A la leche desnatada llaman los pasiegos Mozaizu, y era la que tomaban ellos.
¿Y cómo se conseguía generar y conservar el frío?
Las construcciones se aislaban del exterior gracias al espesor de las paredes y el techo, que además solían cubrirse con tierra y hierba. Una vez se conseguía una temperatura suficientemente baja, ésta se conservaba así durante largos periodos de tiempo.
Pero el verdadero efecto frigorífico se conseguía en los meses de verano y se obtenía mediante el conocido como "Calor Latente de Vaporización". Se trata del mismo mecanismo por el que en ocasiones se hiela la hierba sin llegar a temperaturas bajo cero, la misma razón por la que sentimos alivio térmico al evaporarse el sudor de la piel, y el mecanismo inverso al Efecto Föhn que calienta el aire al atravesar las montañas.
Si tenemos un gramo de agua en fase líquida, debemos aportar cierto calor para elevar su temperatura 1°C. En condiciones normales, la cantidad de calor necesaria para pasar de 14.5 a 15.5°C 1 gramo de agua es de una Caloría. Pero cuando nos acercamos al cambio de estado, bien sea de fase sólida a líquida o de líquida a gaseosa, se deben aportar calorías adicionales para que se rompan los enlaces de hidrógeno del agua. Durante este proceso el agua no cambia de temperatura, pero sí que roba calor del entorno para cambiar de estado.
Este mismo proceso se produce en los Cubíos o Bodegos. Estas construcciones se colocaban normalmente sobre manantiales de agua, consiguiendo un ambiente saturado de humedad. Al conseguir una humedad relativa cercana al 100%, tenemos pequeñas gotitas de agua en fase líquida flotando en el ambiente. Al mezclarse este aire con el aire cálido del exterior esperaríamos que la mezcla de calentase, pero en realidad ocurre el efecto contrario. La mezcla de aires posibilita que se vaporicen las gotitas de agua en suspensión en el aire. Es entonces cuando el agua necesita robar calor del ambiente para completar el cambio de estado, consiguiendo disminuir de forma drástica la temperatura del interior.
Vídeo: Cubíos en Larrusico, Brenavinto, El Curro, La Salceda, La Zuela, Viduleo, La Resía y El Polbo.
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