MOSQUÍA: ¿TOPÓNIMO PRERROMANO?

 


Al fondo de esta fotografía, tomada desde los Atrancos de Guarguero, se alza la trilogía de los Castros del Horno: el Castro de la Lobuca, el Castro del Horno Grande o Castro de Palomera y el Castro de la Mosquía.
El Castro de la Mosquía es una imponente mole rocosa de perfil piramidal que domina el horizonte desde cualquier punto elevado de los valles de Trueba y de la Engaña. Sin embargo, tan llamativa como su silueta resulta la incógnita que encierra su nombre. ¿Qué significa realmente Mosquía? Como ocurre tantas veces en toponimia, la respuesta correcta quizá no sea la más evidente.
La explicación más inmediata sería relacionar este topónimo con otros como Moscadero o Mosquil, derivados del latín vulgar *musca, donde el ganado acudía a "moscar", es decir, a resguardarse de las moscas buscando la sombra o el fresco durante las horas de más calor.
Sin embargo, si algo enseña la toponimia es que las apariencias suelen ser engañosas, especialmente cuando se trata de supuestos topónimos en relación con los animales (zootopónimos).
Precisamente Manuel Mañas Núñez, en un estudio dedicado a los falsos zootopónimos, reúne numerosos ejemplos repartidos por la Península Ibérica y Francia: Pena Mosca, Collado de la Mosca, Pico del Mosquito, Sierra de la Mosca, Le Moucherotte, Pic des Mouches, Mont Mouchet y muchos otros. Todos ellos tienen una característica común: designan peñas, roquedos, arrecifes o montañas.
A partir de esta distribución propone la existencia de una base oronímica prerromana *Musk-, con el significado de "roca", que habría permanecido fosilizada en numerosos nombres de lugar.
No lejos de nuestra zona de estudio encontramos ejemplos que parecen apoyar esta interpretación. En el valle glaciar del Veinte existe un Cotero de la Mosquía, coronado por un destacado estrato calizo. Asimismo, en los Collados del Asón se levanta el Pico Mosquitero, una gran masa rocosa situada sobre la línea de cumbres entre Porracolina y el Alto de Pipiones.
A primera vista, la hipótesis parece convincente.
Sin embargo, el panorama cambia cuando incorporamos otros topónimos de nuestro área.
En las inmediaciones del Zalama encontramos la Fuente la Moscuela, situada en una ladera cuya única singularidad es presentar una pequeña discontinuidad del terreno, como un leve rebaje en la pendiente.
Por otra parte, entre el Picón Blanco y el Alto del Caballo se abre el Portillo de la Mosquía, también conocido como Portillo de Covachos. Se trata de un marcado collado de montaña, pero no de un enclave especialmente rocoso.

Portillo de Covachos o de la Mosquía.

Estos ejemplos plantean una cuestión evidente: si la raíz *Musk- significara simplemente "roca", ¿cómo explicar estos lugares donde el elemento rocoso apenas resulta relevante?
Al comparar todos los topónimos aparece un rasgo común mucho más sugerente.
El Castro de la Mosquía se levanta junto al profundo collado que lo separa del Castro del Horno Grande.
El Cotero de la Mosquía se sitúa junto a un impresionante callejón rocoso, semejante al de la cercana Canalhonda.
El Pico Mosquitero aparece individualizado por un collado muy acusado entre su cima y el Alto de Pipiones.
La Fuente la Moscuela se encuentra precisamente en un pequeño rebaje de la ladera.
Y el Portillo de la Mosquía constituye, por definición, un paso o hendidura entre montañas.
Quizá, por tanto, el rasgo verdaderamente significativo no sea la roca en sí, sino la existencia de una muesca, un corte o una hendidura en el relieve.
Esta posibilidad encuentra apoyo en diversos estudios de lingüística histórica, especialmente en el ámbito gallego y asturiano, donde se han conservado mejor ciertos arcaísmos romances.
La palabra castellana muesca procede del latín vulgar *mossicare ("morder" "dar pequeños mordiscos", del que habría derivado el antiguo verbo romance *moscar. Aunque este verbo desapareció del castellano común, su huella pudo permanecer en la toponimia para designar precisamente rebajes, cortes o hendiduras del terreno: lugares que evocan un auténtico "mordisco" practicado sobre la montaña.
Si esta interpretación es correcta, Mosquía no significaría originalmente "la roca", sino "la hendidura", "el collado" o "el paso encajado". La presencia de grandes peñas en algunos de estos lugares habría favorecido posteriormente la asociación con la base oronímica prerromana *Musk-, dando lugar a dos explicaciones etimológicas diferentes para topónimos de apariencia semejante.
En definitiva, no puede descartarse la existencia de una antigua raíz prerromana *Musk- relacionada con la roca. Sin embargo, al menos en el ámbito de la Montaña Pasiega, la distribución de los topónimos parece ajustarse mejor a una evolución romance vinculada a muesca y al antiguo verbo moscar, que describiría con notable precisión la morfología de estos lugares: collados, portillos y profundas hendiduras abiertas en el relieve.
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