Hasta la llegada de los primeros frigoríficos y cámaras de frío, no sólo se utilizaron los cubíos para la conservación de alimentos. Otra de las soluciones era la acumulación de nieve en neveras artificiales como en el caso de la Nevera de Fiñumiga, junto a la localidad de Mirones, en el curso medio del Río Miera.
Pero en los Valles Altos de la Montaña Pasiega no era necesario el uso de estas construcciones, porque existían lugares donde la nieve se conservaba de forma natural. La gente acudía a lugares como Torcaverosa, el Nevero del Poyuelo, el Ventisquero del Polbo, o como en este caso al Hoyo de la Nieve para conseguir Hielo.
Según la información oral recogida, a mediados del S. XX aún se acudía a este lugar donde se prensaba la nieve con paletas de madera para conseguir hielo y proceder a su transporte cubriéndolo con paja. El hielo lo utilizaban después para conservar el pescado o los refrescos en verano. También se utilizó para elaborar helados.

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