Mostrando entradas de marzo, 2026

CROQUIS DE LAS ACCIONES DE LOS DÍAS 16 AL 20 DE OCTUBRE DE 1838 EN EL VALLE DE SOBA

CROQUIS DE LAS ACCIONES DE LOS DÍAS 16 AL 20 DE OCTUBRE DE 1838 EN EL VALLE DE SOBA


Aprovechando que estos días, en el Ayuntamiento de Espinosa e Espinosa de los Monteros, hay una exposición de Cartografía Militar de la Provincia de Burgos, hoy queremos mostraros un plano poco conocido de la Guerra Carlista en nuestras montañas. 

Se trata del Croquis de las acciones de los días 16 al 20 de Octubre de 1838 en el Valle de Soba, donde aparecen las posiciones ocupadas por los ejércitos carlistas y cristinos durante esta acción, en la que los ejércitos liberales trataban de ocupar posiciones en la Gándara y la torre de Quintana de Soba. Se observa cómo parte de el ejército cristino ocupaba posiciones en el Portillo de la Sía. Así lo comunicaba Vicente Manuel de Reinoso, jefe de los ejércitos cristinos durante la acción: 
"...Decidido a posesionarme de la Torre de Quintana, ocupada por los rebeldes, formalicé su ataque, no pudiendo circunvalarla por las dificultades insuperables que el tereno presenta. Mi derecha la formaban los Regimientos Provinciales de Chinchilla y Logroño colocados en el Portillo de la Sía y cuyo objeto era principalmente tener espeditas mis comunicaciones a la espalda..." 

No es el único episodio de las Guerras Carlistas que tuvo lugar en nuestros puertos. Parece que también hubo un encontronazo entre una expedición carlista de 2500 hombres al Mando del Brigadier Pablo Sanz, que en su regreso de Asturias a las Vascongadas, fue emboscada por el ejército cristino en el Portillo de las Estacas de Trueba, causando algunas bajas.



CUANDO “CUEVA” NO SIGNIFICA CUEVA: REINTERPRETACIÓN PASTORIL DE UN TOPÓNIMO.

Desentrañar la etimología —o al menos el significado— de muchos de los topónimos que recogemos en nuestro trabajo es, a menudo, un auténtico reto. Sin embargo, cuando una misma raíz se repite en distintos lugares, la dificultad se convierte en ventaja. Si varios topónimos comparten origen y además presentan rasgos comunes en el terreno y en el uso que históricamente se les ha dado, las piezas empiezan a encajar y el propio paisaje nos ayuda a interpretar su sentido. 

Algo así nos ha sucedido al analizar numerosos lugares que, en apariencia, nos hablan de la existencia de cuevas: El Arroyo y Monte de la Cubilla encima de Bárcenas; el cabañal de Covachos en el Alto Cerneja; el Monte Covacho en Redondo; los cabañales del Cuevo y la Cubicía en la Sía; La Cubicía junto al Gesteadero de Redondo y Para en Mingo Pájaro; el Arroyo Cubías entre Redondo y Cerezos; el Alto de la Cubilla encima de Agüera; el Monte Covachos encima de Redondo; el barrio de Cobe en Espinosa; o el propio Monte la Cueva en Sotoscueva. 

Todos estos nombres parecen compartir la misma raíz que “cueva”, procedente del latín vulgar *cova, femenino de *covus (hueco), cuyo origen último se remonta a la raíz indoeuropea *keu-, relacionada con accidentes o torceduras del terreno, y en su variante *keu-p, que alude a una concavidad. El problema surge cuando intentamos aplicar esta explicación sobre el terreno: en la mayoría de estos lugares no existen cuevas propiamente dichas. Y cuando aparecen pequeños covachos o abrigos, su entidad no parece suficiente como para haber determinado el topónimo. 

En un primer momento pensamos que tal vez el término aludiera simplemente a vaguadas o espacios resguardados, es decir, a una cierta concavidad del relieve más que a una cueva en sentido estricto. Pero la hipótesis comenzó a tambalearse cuando comprobamos que esa misma raíz también se aplica a cimas y lugares elevados, donde resulta difícil sostener cualquier relación con un espacio cóncavo. 

Charlando con Chus, de la página de Toponimia Cántabra, sobre la línea de cumbres entre la Base Militar EVA 12 y la Cabaña del Pozo en los Collados del Asón, nos comentaba algo revelador: “Curiosamente, para los sobanos, la Cueva Traslacorte y la Mota en Cabera son dos coterucos; no tienen nada que ver con ninguna cueva”. 
A esto debemos añadir los topónimos “Cuevas Caballo” y “Cueva Mayor”, que recientemente hemos comprobado que se aplican al Alto del Caballo y al Picón Blanco respectivamente: alturas destacadas, no cavidades. Ante estas contradicciones, se impone buscar otra vía interpretativa. 

Y aquí aparece un elemento común mucho más sólido: todos estos lugares sirven o han servido históricamente como espacios vinculados al ganado. Es entonces cuando cobra fuerza otra raíz latina: *cubile (lecho, cubil), derivada del verbo *cubare (acostarse). Un término que no alude tanto a una cavidad geológica como a un lugar de reposo. A un sitio donde algo —o alguien— se acuesta. Esta raíz enlaza, además, con elementos profundamente arraigados en la cultura pasiega, como la Covada —antigua costumbre en la que el padre guardaba cama tras el nacimiento mientras la madre atendía la cabaña— o el “cuévano”, donde las madres acostaban a sus hijos durante la muda. En ambos casos, la idea central no es el hueco físico, sino el acto de acostarse, de cobijarse, de reposar. 

Quizá, por tanto, cuando nuestros antepasados nombraron estos lugares como “Cuevas”, no estaban describiendo una forma del terreno, sino una función. No hablaban de piedra ni de oquedades, sino de ganado, de descanso, de abrigo. La toponimia, una vez más, nos recuerda que el paisaje no se entiende solo con los ojos, sino también con la memoria. Y que muchas veces, para comprender lo que vemos, debemos preguntarnos primero cómo se vivía antaño. 

Foto: Cabaña Pasiega en Covachos. Valle del Cerneja.